Tren nocturno

Ya estoy de vuelta después del viaje por Ko Lanta y por el norte de Tailandia. Interesantes descubrimientos e inolvidables momentos.

Surrealista la visita al casino en Birmania, entrañable la parada en la escuela rural e indescriptible el momento vivido en el tren nocturno de Bangkok a Chiang Mai. Que tres horicas tan majas que pasamos.

Por cierto, lo del video es el vagón restaurante.

Songkran, la guerra del agua

Aquí van algunos vídeos del Songkran en Chiang Mai…

Los que habéis estado por aquí reconoceréis el foso con el agua y como sabéis, es bastante difícil moverte por aquí sin pasar por alguno de los cuatro lados del foso. Además, cualquier rincón puede esconder sorpresa, que se lo digan a David y Nieves, que el año pasado dieron con sus huesos en el suelo.






Cine en mitad de la nada

Pasear por Bangkok es toda una experiencia, casi mejor que las visitas a los sitios turísticos. El barrio Chino es especialmente indicado para ello. El otro día nos metimos por estrechos y oscuros callejones, y cuando nos íbamos a dar la vuelta nos topamos con esto:

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Sorprendente. En mitad de la nada, con un escaso y extraño público, nos dimos de morros con un proyector de cine, una pantalla y una peli en inglés.

20 días en Tailandia, Beatriz. 2ª parte

Chiang Mai

Tren nocturno

Tren nocturno

De Bangkok a Chiang Mai fuimos en tren litera (16 horas), ¡una nueva experiencia!: ¡ Qué nervios, qué risas nos echamos y qué poco dormimos!. Nervios pasamos al comprobar que habíamos cogido al único taxista lento de todo Bangkok y que, a pesar de haber salido con una hora de antelación, no íbamos a llegar a la estación. Cual “Pekín Express” salimos del taxi antes de llegar a la parada y entramos corriendo a la estación. Aquí salió a relucir la amabilidad Thai: ¡los policías nos hacían gestos para que no corriéramos, que llegábamos al tren!.

Tras unas cuantas horas de viaje, casi sin dormir por el traqueteo del tren, llegamos a la ciudad dónde vive Carlos, Chiang Mai, mucho más tranquila y cómoda para moverse que Bangkok, con muchos templos, bares, mercadillos y la gente más maja todavía si cabe. No me extraña qué Carlitos esté tan a gusto allí, ¡si yo que no tengo ni idea de ingles, ni de planos, me moví por allí sin ningún problema!. Aunque, en un principio, teníamos previsto estar 4 noches al final, como estábamos tan a gusto, nos quedamos 7 (es lo que tiene viajar por libre). Aquí tuvimos la oportunidad de conocer a los amigos de Carlos: muy majos. Nos vamos muy tranquilos porque lo dejamos en muy buenas manos.

Estuvimos alojados en dos hoteles, muy bien situados, por la zona de Loi Hroh Road, cerca de la muralla (Tha Phae Gate). Y aquí utilizamos un nuevo medio de transporte el songthaew, camioneta que transporta a varios pasajeros. Lo paras por la calle, le dices dónde vas y fijas el precio antes de subir.

Tiger Kingdom

Tiger Kingdom

No olvidaré ninguno de los días: visitas templos (Wat Chedi Luang, Wat Phra Sing, Wat Phra That Doi Suthep, Wat Ram Poeng, Wat U Mong, Wat Phra Pao,…), ir en elefante, balsa, coger a un tigre pequeñito y estar con algunos un poco más grandes, comer gusanos y alguna otra cosa más desagradable (esto se merece una explicación más detallada) ni las noches que salimos por Chiang Mai. Cada noche era diferente, curiosa e intensa (se me pasaban las horas volando). ¡Qué noches!

Recuerdo la primera noche ( y la segunda y la …..) que salimos en Chiang Mai y Carlos nos llevo a un bar dónde uno de los camareros era amigo suyo (¡qué raro! ¿verdad?). ¿Sabéis que allí no se dan besos? acercan las mejillas; mi primer corte en todo el viaje. Los que me conocéis ya sabéis lo besucona que soy, “MAI PEN RAI”, ante el aviso de Carlos, alargué la mano y ya está. Pero conseguí que a lo largo de la noche alguno/a diera besos al estilo español ó al mío mejor dicho.

En esa primera noche por allí conocimos a un tipo español de cuyo nombre prefiero no acordarme, y del que por desgracia me acuerdo, con el que coincidimos en alguna otra ocasión hasta altas horas de la mañana. Otra noche bien curiosa fue la que cenamos en un restaurante muy chulo al lado del río Ping, no teníamos intención de salir hasta tarde porque al día siguiente madrugábamos, pero la cosa se lío y acabamos a las mil….. Para aquellos que lo duden, ¡nos levantamos para ir en elefante y en la balsa!. Merecieron la pena las pocas horas de sueño: nos lo pasamos genial.

En Chiang Mai recorrimos un montón de mercados (nigt bazar, anusan, wararat, sunday walkig strett y otros más… ¡qué pasada! ¡como me gustaron los de flores y frutas!. Comprar, lo que se dice comprar, no compramos mucho (que no me oiga Kiko que tuvo ir a comprar una maleta más para poder meter las cosas). Y es que, chicos, el regateo no era mi fuerte. Creo que soy la única mujer que no ha arrasado comprando en Tailandia. Los chicos se extrañaban, Carlos me animaba, pero que yo me lo pasaba pipa mirando. Ahora bien cuando le cogí el tranquillo disfrute como una enana, lo malo que eso fue al final, cuando teníamos que marcharnos.

También fuimos a Doi Suthep, una montaña situada a 15 km de Chiang Mai, dónde después de subir un montón de escaleras, unas 300, llegas al templo “Wat Phrathat Doi Suthep” (muy bonito). Aquí nos dieron la bendición y nos pusieron la pulsera de la buena suerte, de aquí me llevo también un budita de cumpleaños. Allí había un mirador desde él que se podía ver todo Chiag Mai.

Doi Thanon

Doi Thanon. Carlos tendrá que dar alguna explicación a Gaby después de la experiencia.

Hablando de montañas “los intrépidos excursionistas” también fueron al Parque Nacional Doi Inthanon dónde está la montaña más alta de Tailandia. Lo malo es que ese día llovía. Vimos una cascada espectacular (acabamos como sopas). (Esta parte del viaje la contará Carlos, Gabi prometimos ser una tumba y no contar nada).

Otra cosa que hicimos aquí y en el resto de los lugares que visitamos por Tailandia, es darnos masajes; en todas sus versiones, menos en la que estáis pensando muchos (bueno al menos que yo me enterara, ja ja ja). No en serio, como echo de menos esos repetitivos “Thai Massage” al pasar por las calles. Mira tú ¡qué gracias a ellos y al quiromasajista que nos llevó Carlos! hasta mi abuela me ha dicho que he vuelto más recta (oye, pues que todo sea por la salud al año que viene más). Lo del quiromasajista no tiene desperdicio, en ocho minutos fue capaz de colocarnos las piernas a la misma altura y por si no me creéis hay fotos que lo garantizan. En otra ocasión, mis pies sirvieron de alimento a los pececillos (¡qué risas!, ¡qué cosquillas hacían!). Alguno llegó a engordar algún kilillo y mis pies quedaron muy suaves (para que hubieran sido como los de un bebé hubiera necesitado pirañas).

Gusanos

Gusanos

En cuanto a la comida: hemos comido muy bien; también es verdad que kiko y yo somos poco raritos a la hora de comer y nos gusta probar todo. Y eso que Kiko descubrió una especia que no le gustaba y que ponían en casi todos los platos; pero aún así el chico me comió muy bien. Alguna vez me he pasado de picante, pero mi estómago lo ha soportado. ¡Qué buenos los pad thai, las sopas, el pollo en todas sus versiones…!. Las frutas: exquisitas, probé una llamada “Durian” (decían que era venenosa, pero ni aún con esas lograron los chicos librarse de mí). El olor de esta fruta era tan fuerte e insoportable que en algunos hoteles había carteles de “prohibido el paso con esa fruta” ( aún me acuerdo del pobre Juan cuando olió en su coche un “perfume” tan peculiar e intenso. La culpable “yo” había dejado el resto de la fruta en su coche. Todavía debe estar intentando quitar el olor).

Al hilo del tema de las comidas aprovecho para contaros lo del plato “desagradable” por lo que nos sucedió: ¡una vez más apareció la amabilidad Thai”. Ese afán que tenemos Kiko y yo por probar cosas raras y nuevas nos llevó a pedir el plato de aspecto más “asqueroso” que había en la carta (queremos creer que eran ostras cocinadas). El sabor era indescriptible y el olor ni os cuento; era tal la repugnancia que nos causaba que le dijimos a la camarera que nos retirara el plato de la mesa; la camarera preguntó y le dijimos que no nos había gustado. La sorpresa fue cuando al traernos la cuenta no sólo no nos había cobrado el plato sino que nos había hecho descuento (¿os ha ocurrido esto alguna vez? a nosotros nunca). Por supuesto le dejamos propina por ese GRAN DETALLE (detalles que se repiten a lo largo del viaje).

Después de siete días increíbles no nos quedo más remedio que despedirnos con gran pena de Chiag Mai. No sin antes pasar a despedirnos de las amigas de Carlos, y creo que ahora también nuestras, por lo que la última noche se alargó un poquito más de lo pensado y al día siguiente perdimos el autobús de las 10:15 h con destino a Sukhothai, pero como dicen allí “Mai pen rai” cogimos el de las 12:00 h (otra de las ventajas de viajar sobre la marcha).

20 días en Tailandia, Beatriz. 1ª parte

Empezare el año con algo nuevo.  A cambio de hacerle de guía,  Bea prometió escribir sus aventuras por Tailandia.  Tengo mucha curiosidad por saber lo que la gente piensa sobre Tailandia, sobretodo si lo meditan una vez en casa, descansados y con la cabeza fria.

Bea ha cumplido y aquí esta el relato, divido en tres partes.

20 días en Tailandia, 1ª parte

Bangkok

El pasado 30 de octubre aterrizamos en Madrid después de 20 días viajando por Tailandia. Y volvemos encantados, no se como expresar esto sin que resulte cursi, Tailandia me ha enamorado ó mejor dicho me ha enamorado su gente y su forma de ser.

De antemano sabía que el choque cultural iba a ser grande pero lo que no me podía imaginar es que un viaje me pudiera despertar tantas emociones y sentimientos. ¡Qué distinto es todo y que simpática y amable es la gente!. Allá por dónde pasaras siempre había una sonrisa y un saludo.

Aquellos que me conocen, bien saben que no era uno de los destinos que más me llamara la atención, pero aprovechando que Carlitos volvía hacía esas tierras, y animados por su pasión y la de otros amigos que habían estado allí, decidimos descubrir con nuestros propios ojos cuál era la magia que desprendía ese país.

Era una oportunidad única que no podíamos desaprovechar ¡quién mejor que un amigo que conoce el lugar para enseñárnoslo!.

El viaje prometía: Bangkok, Chiang Mai, Sukhothai, Ko Phi Phi, Ao Nang, masajes, elefante, tigres, balsa, barquitos,…y lo mejor a nuestra marcha, sólo con los viajes de ida y vuelta cerrados.

Llegada a Bangkok

Recuerdo el bofetón de calor que sentimos cuando bajamos del avión en Bangkok. Allí pasamos 3 noches alojados en un hotel (por cierto muy bien de precio) en una bocacalle de Khao San Road , zona muy animada y que nos gustó mucho, llena de puestecillos, bares con música en directo, alguno de ellos abierto hasta las 24 horas.

Lo primero que me llamó la atención fue el caos circulatorio pero controlado, no sé cómo porque apenas había semáforos. Motos, coches, tuk tuk (algunos hasta tuneados) por todos los sitios. Tuve grandes problemas para cruzar y lo sorprendente es que no vimos ningún accidente y no creáis que no pensé más de una vez que nuestro tuk tuk iba a chocarse con algún otro vehículo. Curioso, también, el número de personas que podían llegar a ir en una moto, creo que conté hasta 4 sin incluir al bebé.

 

Wat Arun

Wat Arun

En Bangkok visitamos templos: Wat Phra Kaew y el Gran Palacio, Wat Pho (Buda reclinado ¡menudas medidas!), Wat Traimit (dónde el “ca…” de Carlos encontró a mi doble, ¿no sé porque? ¿acaso por el parecido de mi nariz?. Pero de todos ellos del que nunca me olvidaré, y puedo asegurar que Kiko y Carlos tampoco, fue de Wat Arun, un templo que, además de impresionante, tiene unas escaleras muy empinadas que digo empinadas, empinadísimas, Allí descubrí lo que era el vértigo. Lo malo no fue la subida (no podía mirar hacía abajo) sino pensar que luego teníamos que bajar. No pude hacer ninguna foto ¡qué sudor de manos!. ¿Cómo bajamos? ¿de espaldas? Los chicos ya se estaban preparando para parar mi golpe, pero finalmente no fue para tanto: sujetos con fuerza a la barandilla y de medio lado logramos bajar.

Otra de las cosas que más me ha gustado de Tailandia son los mercadillos, la variedad de colores y de intensos olores. Recuerdo con gran cariño el momento en que unos niños jugaban a piedra, papel o tijera sentados en uno de los puestos, gran diferencia con occidente dónde a los niños les resulta difícil divertirse si no juegan a la Wi, Play. Tampoco puedo pasar por alto la cantidad de comedores y puestos de comida que hay, se pegan cocinando a todas horas.

 

Chao Praya

Chao Praya

Por supuesto callejeamos y no solo por lo turístico, salimos por la noche, nos dimos masajes, visitamos el museo forense, muy interesante, fuimos en barca por el río Chao Phraya, dónde sin enterarme compré un abanico-gorro, digo sin enterarme porque cuándo me quise dar cuenta el único vendedor del mercado flotante que quedaba a esas horas ya me lo había colocado en la cabeza. Pues nada, allí estaba yo con mi gorro más feliz que Ortiz. Durante el paseo en barca dimos de comer a “cientos de pececillos” el pan que el vendedor nos había regalado y que nosotros no sabíamos para qué (menos mal que no nos lo comimos nosotros…)

Otra imagen que no olvidaré es la simpatía con la que posaron para la foto los niños que practicaban boxeo.

Paseamos por el parque Lumphini, un respiro en medio de la gran ciudad, dónde tuvimos la oportunidad de ver lagartos y observar como uno de ellos le pegaba un coletazo a otro para evitar que éste le arrebatara el pescado que acababa de apresar.

En Bangkok, decidimos también comprarnos un traje y un vestido hechos a medida. ¡ERROR! ¡Mala elección! y no precisamente porque los trajes estuvieran mal hechos sino por el mal que dieron los puñeteros trajes. Recomendación: si compráis trajes hacedlo en la ciudad dónde vayáis a estar más días. Nosotros los encargamos allí (no preguntéis como acabamos en esa tienda: las casualidades y el destino del tuk tuk) y nos íbamos en 2 días y volvíamos a recogerlos, se supone, el día que cogíamos el avión con destino a Krabi, pero no fue así. Como comprobaréis a lo largo del viaje los trajes salen a relucir otra vez.

Buen rollito. Playing For Change

Inauguro una nueva sección. Buen rollito. Hoy Manolo, mi hermano, el de verdad, me ha mandado este video que me parece una joyita.

Os aconsejo que lo veáis a pantalla completa, para ello sólo tenéis que pinchar en el icono de las cuatro flechitas.

Este video forma parte de un documental llamado Playing For Change: connecting the World through music. Iré subiendo más videos en sucesivos días, por aquello de que si lo bueno es breve… Claro que Frasier diría que si menos es más, imagínate cuanto más es más. En cualquier caso, aquí os dejo el enlace a la web del proyecto y otro a la lista de videos en youtube.

Y podéis colaborar enviándome videos, fotos o textos, cualquier cosa que a vosotros os hayan proporcionado unos momentos de calma o transmitido buenas sensaciones.