Los limites del ser (o no) humano

Ayer me contaron una historia.

La historia trata de cómo una mujer pagaba por sexo.

Hasta aquí nada sorprende. Sólo es una típica historia que sólo llama la atención por que estamos acostumbrados a que seamos hombres los que pagamos por sexo.

Pero los detalles de la historia son, valga la redundancia, otra historia.

A ella la descubrieron cuando se dirigía al lugar de encuentro habitual con sus proveedores de sexo.

Fue una noche en que una ONG que trabaja en Chiang Mai se disponía a desarticular una banda que traficaba con seres humanos.

Esta banda tenía un grupo de chicos birmanos, de entre 13 y 15 años, para venderlos al mejor postor.

La mujer, una inglesa de 60 años,  pagaba por tener relaciones sexuales con ellos.

La mujer, con su educación en regla, tenía el sida.

Dos de los niños tenían ya el sida.

La historia me la contó uno de los integrantes de la ONG que participó esa noche en la operación.

4 pensamientos en “Los limites del ser (o no) humano

  1. Joder, la historia me ha dejado patidifuso. Muestra una realidad tristísima: la una mente retorcida vestida de angelita que siembra la muerte allà por donde va. Los miembros de una ONG, haciendo de detectives, la descubren y la detienen, constatándose al final que el ser humano tiene rincones en su cerebro muy, muy oscuros… ¡Es una historia muy buena!

    • Así me quedé yo cuando me la contaron. Me pareció brutal. ¿Historias buenas? Aquí hay para dar y vender, sólo hay que rascar un poco. Y eso que yo tengo acceso a pocas por la barrera del idioma.

      Un abrazo majo

  2. Ya te dije una vez que nada me sorprende, esta historia te demuestra la retorcida mente humana y sus perversos instintos. Lo peor es que un día, nos narrarás (con tu acertada estructura de cuento profesional) otra historia tan alucinante como real que tocará a tu puerta.

    Estoy actualizándome, ya veo que tienes casa nueva y algún que otro paseo. Yo estuve perdida pero regresé… no te salvas de mí. Un abrazo.
    Ade

    • Hola Adelita, me alegra leerte de nuevo.

      A mi la historia me dejó tocado. Ya me cuesta ver la pedofilia como una enfermedad. En ocasiones, lo que me pide el cuerpo es liarme a pegar tiros. Aquí puedes ver parejas que, por decirlo de alguna manera, llaman la atención. Pero la historia de la inglesa es demasiado. Una cosa es ser un enfermo y otra un hijo de puta, no sé si en cuba esta misma con el mismo significado.

      Aprovecho la ocasión para avisar a mis conocidos que algo voy a hacer. Le estoy dando vueltas y cualquier día empezare a pedir colaboración.

      Jajaja, no tengo ninguna intención de librarme de ti, al contrario, es un placer que sigas por aquí.

      Un fuerte abrazo,

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