20 días en Tailandia, Beatriz. 4ª y última parte

Bangkok- Krabi- Ao Nang

De Bangkok a krabi fuimos en avión, hora y media aproximadamente, un paseo. Recuerdo cuando llegamos al aeropuerto de Krabi las cabezas saliendo de un mostrador ofreciendo taxis, furgonetas…. con destino a Ao Nang. Por la poca diferencia de precio y la comodidad nosotros cogimos una furgoneta que nos llevó a Ao Nang.

Una vez allí debíamos buscar hotel. El primer intento fallido, el hotel estaba lleno. Pero no nos costó encontrar alojamiento para esa noche: ¡menuda habitación compartida para los tres! ¡qué lujo! ¡qué bañico nos pegamos en la piscina a las 2:00 h de la mañana!. Esa noche fuimos a cenar a un restaurante junto a la playa, no sin antes haber reservado otro hotel para

kiko y bea bamboo island

Bamboo Island

las dos últimas noches que pasábamos en Ao Nang para que nos pudieran mandar los puñeteros trajes; y después a tomar algo a un bar “de guiris”, (sí ya lo sé: ¿como pudimos acabar allí? me animó la música en directo. Luego resultó no estar tan mal, hasta vimos un Zaragoza-Barcelona.)

 

Ko Phi Phi

Al día siguiente, por la mañana nos fuimos en barco a Ko Phi Phi. Yo pensaba que ya nada me podía sorprender y eso que, antes de salir de Zaragoza, ir a alguna de las playas de Tailandia me hacía mucha ilusión. Pues una vez más aluciné: ¡Qué playas, qué paisaje!.

Aunque el hotel elegido no era el de nuestros sueños (esos que se ven en las pelis), estaba muy bien situado y tenía unas vistas estupendas. Bungalow con vistas al mar, fácil acceso a la playa, piscina con vistas también al mar. Me vais a decir ¡sibarita, qué más quieres!. Había un “pero” el precio resultó caro en comparación con los precios de los hoteles de Tailandia (al menos eso dice Carlos) ya me hubiera gustado a mí estar en un hotel así por ese precio en España (unos 57 Euros). (la forma en que elegimos el hotel también tiene su gracia, se la dejo a Carlos).

Recorrimos la isla, abundan los establecimientos destinados al turismo: excursiones, buceo, tatuajes, bares, tiendecillas, … y, como no, masajes. Y también las bicicletas (llegamos a pensar que se llamaba Ko Phi Phi por la cantidad de veces que oímos al día: pi, pi). Asombrada me quede de la destreza con la que manejaban la bici y la cantidad de bultos que eran capaces de llevar.

Subimos al mirador (View Point): ¡Espectaculares las vistas que hay desde allí arriba!.

 

¿Kiko o Fernando Alonso?

¡¡Coñe, si resulta que estoy viajando con Fernando Alonso?

Recuerdo y recordaré sin lugar a dudas ese bar a pie de playa, hamacas de madera, alumbrados por la llama de las estacas plantadas en la arena y refrescados por las olas del mar (cuando subió la marea). Y el momento en que escuche a Sabina, todavía tengo dudas si fue una casualidad ó el Ipod de estos chicos.

Tampoco olvidaré el masaje que nos dimos viendo el mar y al personaje que se lo dio a Kiko.

¡Cómo llovía el día que teníamos planeado recorrer las islas de los alrededores y hacer snorkel! Menos mal que más tarde salió el sol (¡vamos que si salió!) y pudimos ir en busca de esos tiburones que nunca vimos en Shark Point, ir a Mosquito Island, Bamboo Island, Phi Phi Leh Island (Viking Cave, Pileh Bay, Maya Bay). ¡Increíbles!¡Qué bañicos en esas aguas! ¡Qué gusto ir en nuestro barquito sin tener que depender de nadie, tomar algo y charlar con el barquero (bueno, charlar lo que se dice charlar a mí me traducían).

Después de tres maravillosos días dejamos Ko Phi Phi para volver a Ao Nang, esta vez a una zona más tranquila (Noppharat), con la duda de ¿habrán llegado los trajes? Para entonces Carlos ya se había encargado de mandar los correspondientes mensajes al hotel y a la tienda para que ambos se coordinaran.

 

Kiko Bea Loh Dalam Beach

Bar en la playa de Loh Dalam en Ko Phi Phi

Ao Nang

Nuestras 2 últimas noches las pasamos en Noppharat, más tranquila y menos saturada que la de Ao Nang, dónde según me han dicho en temporada alta no se puede andar (“tipo” Salou). Nosotros tuvimos suerte porque en estas fechas había poca gente.

El hotel que elegimos de prisa y corriendo (por los trajes) estaba muy bien, cabañita, piscina, tranquilidad a tope. Pero, si antes os había dicho que en Tailandia se podía comer a cualquier hora porque se pegaban todo el día cocinando, éste era el único hotel que tenía la cocina cerrada cuando llegamos ¡con el hambre que teníamos a las 17:00 h de la tarde!. Tampoco se podía beber ni una cerveza (estaba regentado por musulmanes y el alcohol estaba prohibido). Tranquilos chicos, pudimos superarlo: bolsa de patatas fritas para quitar el gusanillo, bañico en la piscina y al restaurante a hacer “comida-merienda-cena”. El alcohol ya nos encargamos de tomarlo fuera del hotel.

Al día siguiente, mientras los chicos dormían como marmotas (alargaron la noche más que yo), me fui a dar un paseo y un baño en la playa ¡qué tranquilidad! ¡no había nadie! (algún que otro niño bañándose). Esta playa tenía una particularidad (al menos eso me pareció a mí) se podía cruzar a un islote. Así que dirigí mis pasos hacía allí: ese lugar bien merecía un baño. No me quedé más tiempo del que hubiera deseado por miedo a que la marea me la jugara (a la ida cruce por arena y un poco de agua, a la vuelta la arena había desaparecido y la altura del agua subido).

Después de ese agradable paseo y baño, me permití el lujo de concederme una nueva experiencia más: visitar las islas cercanas. Para ello, primero tenía que atreverme a pedir a un barquero del puerto que me llevara. ¡Todo un reto para mí! que muy satisfecha puedo decir que supere con creces, teniendo en cuenta que mi nivel de ingles es nulo. Bueno, para ser sincera contaba con una pequeña chuleta: “Four islands tour and princess cave beach” (around 4 hours). Prueba superada: sólo tenía que enseñar la nota (menos mal que a Carlitos no le dio por escribir otra cosa). Así que allí estaba yo en mi barquita disfrutando “una vez más como una enana” .

La primera parada con su correspondiente baño fue en una calita sensacional de Chicken Island. El barquero adivinó mis gustos y me llevo a un sitio dónde no había nadie. ¿Por qué le llaman Chicken Island? Yo veía claramente la cabeza y cuello del pollo pero los chicos me dijeron que veían la pata ¿qué opináis?. Después del baño y de una pequeña charla con el barquero (menos mal que siempre existirá el lenguaje de los gestos), y una vez que logré subirme a la barca de un salto, nos dirigimos hacía Phra Nang Cave: ¡impresionante! ¡espectacular! ¡qué rocas! ¡que agua!. Y la cueva muy curiosa, llena de símbolos fálicos y ofrendas. Ese lugar también merecía un baño. La verdad es que ninguna de las islas tiene desperdicio: Raylay , Tup island, Poda island. La pena es que estas dos últimas las vi de pasada, es lo que tiene no controlar el idioma.

Me reuní con los chicos para comer en el hotel y sorpresa ¡había llegado un paquete!. Por su tamaño llegamos a dudar de que allí estuvieran metidos un traje y un vestido. ¡Cha, chan! estaba todo menos la corbata (yo creo que oyeron a Kiko decir que nunca llevaba). Duda despejada: los indios cumplieron con su palabra, la calidad la comprobaremos más adelante.

Era nuestra última tarde y no me podía marchar de Tailandia sin darme un último masaje pero esta vez de cara. ¡Qué gustazo! una hora entera dedicada a la cara, cabeza y cuello.

Llegaba el final del viaje, nuestra última cena en un italiano y prontico a dormir, el día siguiente iba a ser largo. Madrugamos, nos bañamos en la piscina, paseico por Ao Nang, últimas compras, último “pad thai” y a las 16:00 horas empezó nuestro regreso: Ao Nang-Krabi, Krabi-Bangkok, Bangkok-Dubai, Dubai-Madrid, Madrid-Zaragoza. ¡Qué pereza, volver a la dura realidad! ¡Qué pena, se había acabado lo bueno! Y lo peor esa despedida sucia y rápida en Bangkok.

Y colorín, colorado, este sueño se ha acabado. Aquí va un pequeño ó largo resumen de un viaje que nunca olvidaré y del que muchas emociones para mí guardaré. ¡Hasta el año que viene!

3 pensamientos en “20 días en Tailandia, Beatriz. 4ª y última parte

  1. Mirala que valiente con un barquero 4 horas de isla en isla. La cueva de los falos a mi no me impresionó mucho, veo que a ti si. Kiko tienes un problema. No en serio no me gustó demasiado, pero si la isla y las aguas verdes de alrededor.

    Ufff, he recordado esos viajes de vuelta de 40 horas despues de haber estado en las playas y se hacen eternos.

    • Pues si que le puso huevos. Sin tener ni papa de ingles se fue solica con la única ayuda de unas indicaciones en papel para los barqueros.

      Joder que si. De todas formas, la vuelta más cansina que recuerdo fue desde Córdoba Argentina hasta Zaragoza.

  2. Hola carlos que tal estas?

    Bea enhorabuena, creo que has conseguido que un servidor recuerde cosas, y sobretodo, como tu muy bien dices, emociones que sientes y vives en tailandia aun desconocidas para mi.

    Con buda

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