“No quiero ver la caída de los militares. Quiero ver a los militares evolucionar”

Esto ha dicho Suu Kyi unos días después de salir de la cárcel.

Suu Kyi, conocida como La Dama, y la heroína de Barak Obama, fue premio Nobel de la paz en 1991 y es el personaje más emblemático de Myanmar por su lucha contra la junta militar que controla el país desde 1962. De casta le viene al galgo, pues su padre, Aung San, fue político nacionalista y militar birmano, considerado héroe nacional por la firma del tratado de independencia con los británicos, y asesinado poco después d ganar unas elecciones democráticas.

Al igual que su padre, también gano unas elecciones democráticas, y tampoco pudo formar gobierno al no reconocer la junta militar los resultados electorales.

Suu Kyi rechazo ir a recoger el Nóbel, alegando que si salía del país, lo más probable es que no la hubieran permitido regresar. Ha estado detenida durante años, tanto en recintos penales como en su domicilio, la última vez casi ocho años. La junta militar intentó por todos los medios que ella abandonara el país, llegando incluso al chantaje más extremo. Cuando su marido, enfermo terminal de cáncer, solicito una visa de entrada, le fue denegada con la intención de obligar a salir del país a Suu Kyi. Parecido ocurrió cuando se le permitió una reunión con su hijo, sólo por unas horas, en el aeropuerto de la capital.

En la actualidad, el destino de Myanmar esta en manos de una junta militar, que ejerce el poder con mano dura e intentando conservar el país lo más cerrado al exterior posible. Los turistas no pueden viajar por el país libremente, existen zonas de acceso controlado. Valga también como ejemplo que ni siquiera en situaciones desesperadas se abren al exterior. En el tsunami de 2004, los países afectados iban informando de las cifras de muertes, heridos, desaparecidos y desplazados, entre otros datos. Estas cifras servían para cuantificar el desastre y que las organizaciones internacionales enviaran ayuda. Myanmar, la antigua Birmania, dio unas cifras ridículas y además, con cuentagotas. Tailandia informó de más de 60.000 afectados y en Myanmar no llegaban a 1.000, cifra cuestionable si comparamos los kilómetros de costa afectados en ambos países. Con esas cifras el gobierno de Myanmar justificó su rechazo a la ayuda internacional. Por cierto, en Tailandia no estaban muy contentos de la gestión que el gobierno hizo de las ayudas internacionales.

Los escasos periodistas que han tenido contacto con ella, coinciden en que siempre habla con la sonrisa en la boca, y restando importancia a su situación “aquí la gente muere, el aislamiento no es lo peor”. Pasaba las horas muertas entre la lectura y la meditación. Recordaba una frase que una vez le dijo un monje: “Para lograr la felicidad, tienes que invertir en sufrimiento

Pues esta extraordinaria mujer, después de todo lo que ha pasado, al concluir su arresto ha defendido la “revolución no violenta” y se ha mostrado dispuesta a dialogar con la junta militar, para concluir diciendo la frase que da título a este post: “No quiero ver la caída de los militares. Quiero ver a los militares evolucionar”. Con dos cojones.

Estupenda noticia y extraordinaria reacción que hacen este mundo un poquito mejor.

 

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2 pensamientos en ““No quiero ver la caída de los militares. Quiero ver a los militares evolucionar”

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