Buena nochebuena

Pues muy bien oye. Una de las mejores nochebuenas que recuerdo. Y reafirmo lo que ayer escribía en mi penúltimo post: mi hartazgo de la navidad se lo debo al Corte Ingles. Ayer, hasta me hizo ilusión ver a un grupo de tailandeses católicos irrumpir en la casa donde me encontraba para cantar villancicos. Claro, que eran los primeros que oía en un año.

Sergio y su mujer, los anfitriones, me trataron estupendamente, y el resto de los invitados también. Estábamos un argentino, dos israelitas, dos españoles, una tailandesa y un americano-tailandés. Nos cocinaron un pavo de 8 kilos que estaba rico rico, con mucho fundamento y bebimos un buen vino, así que la parte culinaria, perfecta.

Y un detalle. Al llegar a mi residencia tenía un regalito en mi casilla para el correo, donde habitualmente sólo hay facturas. ¡Qué ilusión me hizo! Muchas gracias Kelsey por decirle a Santa que se acordara de mi.

Y un detalle. Al llegar a mi residencia tenía un regalito en mi casilla para el correo, donde habitualmente sólo hay facturas. ¡Qué ilusión me hizo! Muchas gracias Kelsey por decirle a Santa que se acordara de mi.

Practique mi inglés, sobretodo de oído. Ahora resulta que hablando parezco gilipollas, ¡Qué fácil era cuando sólo sabia hablar en presente! Ahora ya no sé si estoy, si estaré, si estuve, si he estado, si había estado, si estaría o si habría estado, vamos, que tengo una paja mental de la ostia. Y recordando una frase de no sé quien que dice: “Más vale cerrar la boca y parecer tonto que abrirla y despejar dudas”, decidí intervenir poco y escuchar mucho.

Como cambia la película cuando la nochebuena dura una noche. Ya digo, incluso me hizo ilusión ver aparecer un grupo de tais cantando villancicos. El video es de una pésima calidad, pero lo pongo para que podáis ver como suenan los villancicos en tailandés.

Más tarde, en mi habitación, volví a cenar, esta vez “virtualmente”, con mi familia. Y también tuvo su gracia. Aguantamos mientras lo hizo la conexión, más o menos, hora y medio. Y mientras mi familia daba cuenta de su cena yo de nuevo bebía un buen vino, esta vez, chileno, no sin cierta desesperación al ver pasar por la ventana del skype un buen jamón sin poder hincarle el diente.

Antes de ir a cenar, y me imagino que para hacerme sentir como en casa, el administrador de la residencia donde estoy me paro para charlar un rato conmigo. Este señor me sirve como parámetro para medir mis avances con el inglés. El primer día no le entendía un carajo y ahora puedo tener pequeñas charletas. Pues del primer quería hablarme. Yo llegue aquí sin tener ni idea de inglés y me recordó un fragmento de nuestra primera charla. Después de un buen rato haciendo los papeles administrativos para reservar mi habitación, quise agradecerle su infinita paciencia, así que solté un agradecido “Thank you very much”, que fue respondido con un “You´re welcome”. Yo, pensado que me daba la bienvenida al edificio, repetí “thank you” y el repitió “you´re welcome”, pues nada “thank you”, que si los franceses dan tres besos igual aquí la costumbre es dar la bienvenida un par de veces, pensé, y como no tenia nada que hacer los siguientes seis meses, no tenia problema en alargar la conversación.

Un par de días más tarde, volví para contarle lo que había ocurrido y el buen hombre se echo unas buenas risas a mi costa.

Mi anfitriona y su hija

Mi anfitriona y su hija

Ahora recuerdo otra de mi inglés. Estaba dando clase en la terraza de un café cuando un extranjero se acercó a preguntarle algo a mi profesora. Después de las oportunas explicaciones el susodicho se giró para continuar su camino. Yo, en un amago de simpatía y por completar la información que Kelsey le había proporcionado, mientras le guiñaba un ojo le dije “The best massage is the massage with happy end”, que en ese momento me pareció muy oportuno, una valiosa información para un hombre sólo que pregunta por algún sitio para darse un buen masaje. El rostro de Kelsey cambió por completo, la pobre estaba pálida, “what do you say?”, me espetó. Claro, resultó que yo le había dicho al buen hombre que los mejores masajes eran los que incluían pajilla final y el sólo había preguntado donde podía comprar ropa tradicional tailandesa.

Y volviendo a mi noche buena y para poner la guinda a una buena noche (jajaja, que creatividad literaria¡¡¡), cuando me disponía a cerrar el skype, vi el icono de Susana en estado de “conectado”, así que pudimos hablar un rato, que me hizo ilusión porque hacia días que no habíamos coincidido. Y con su hermano, y con una escueta intervención de su madre.

Y después, a la cama como un topo después de beber vino chileno, argentino, chivas, jonnhy walker, vino blanco, más chivas y más vino.

Entre 16 y 20 grados, fuego y buen whisky, ¿Qué más se puede pedir?

Entre 16 y 20 grados, fuego y buen whisky, ¿Qué más se puede pedir?

los niños cantores de tailandia

los niños cantores de tailandia

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