Llegando a Laos

24 de noviembre de 2009. 22:56 Cenado, aseado y dispuesto para dormir. Todo perfecto sino fuera porque tengo los ojos abiertos como platos.

En Vientiane, capital de Laos. No me gusta llegar a los destinos de noche, sobre todo en los países donde no gastan un euro en iluminación. Ya no es que todos los gatos sean pardos, es que las calles, los cruces y las gentes dan una impresión muy equivocada. Por cierto, ¿Alguien sabe cuales son los países del segundo mundo? ¿Y donde esta la otra mitad de Oriente Medio? Pues eso me ha pasado. El avión ha aterrizado de noche en el aeropuerto internacional de esta, por el momento, lúgubre ciudad. ¿Aeropuerto internacional? El más cutre que he visto con diferencia. Es la primera vez que veo que la cinta transportadora donde recoges el equipaje no hace un circuito cerrado. Es una sola recta y sino llegas a tiempo, el equipaje acaba……. en el suelo.

No sabía ni como se llama la moneda local, ni su valor. Ayer reserve esta noche de hotel por Internet y el precio lo ponía en dólares. Por cierto, mañana tendré que buscarme alojamiento hasta el sábado, el hotel de esta noche, unos 60 €. No había prestado atención a la moneda local pensado que algún cajero u oficina de cambio habría en la terminal. Error, ni lo uno ni lo otro. Maleta en mano y contento por tener ya en mi posesión un visado para Laos, me he acercado a la “Tourist centre”.

Carlos: Hola, mi hotel se llama Novotel. Creo que esta cerca del aeropuerto, ¿puedo ir andando o tengo que tomar un autobús o un taxi?
Dependienta: … (La comunicación gestual me lo dice todo sin necesidad de la verbal)
Carlos: Hotel Novotel. Taxi. ¿Cuánto?
Dependienta: 66.000 kits
Carlos: … (Mi comunicación gestual se lo dice todo sin necesidad de la verbal)
Dependienta: 66.000 kits

¡¡66.000 kits!! 66.000 de lo que sea me parece muchísimo salvo que te compres un Audi. Aun estando cansado y sin muchas ganas de ponerme a calcular, no he podido evitar sonreír ¡¡no me jodas que la moneda se llama kit!! Jaja, sólo podía pensar en Michael Knight.

¿Y de donde saco 66.000 de esas cosas? Como tenga que ponerme a pedir y me den de 10 en 10… ¿Tendrán céntimos?

Ella, rápida y avispada, viendo mi cara de poker, me ha dicho que ellos me podían cambiar bahts. Sensacional. La geta de Michael Knight ha desaparecido de mi pensamiento sustituida por la imagen de una taza de water limpia y reluciente. ¡¡En diez minutos estoy sentado!!

Por probar, he sacado 1.000 bahts de mi cartera, unos 20 €, y se los he dejado encima del mostrador. !280.000 kits¡ Cuatro billetazos de 50.000 kits te necesito.

Y nada. Cenado, aseado y dispuesto para dormir. Todo perfecto sino fuera porque tengo los ojos abiertos como platos.

The lost to the river. Como me daba un poco de palo salir de noche sin conocer la ciudad me he dado el lujo de cenar en la habitación. Unos noodle seafood sensacionales por 65.000 kits te necesito.

Eso si, estoy haciendo el mayor gasto posible. Frecuento los hoteles Ibis, los low cost de la cadena Acord, y asumo que son lo que son, low cost. Así que en las contadas ocasiones, y esta es una de ellas, que me alojo en la versión cara de la misma cadena, procuro que de mi estancia ganen lo menos posible. Si hay dos camas, las deshago las dos, aunque solo duerma en una. Si hay para escribir, escribo. Por supuesto, los elementos del baño, me los llevo. Las toallas, las uso todas. Tiro de la cadena cada vez que paso por el water. Si tengo tiempo, me baño en lugar de ducharme. Si hay caja fuerte, la abro y la cierro sin meter nada. La televisión, siempre encendida. Las luces, a tope. En verano me abrigo todo lo que puedo y pongo al aire a tope, y al contrario en invierno. Cuando uso el ascensor, lo mando a dar largos paseos. El contenido de la nevera, lo desordeno para que tengan que pensar. Si hay teléfono, llamo a recepción y hago absurdas preguntas. Si hay Internet, me conecto. Enchufo todo lo que puedo. Hago que me despierten a partir de las ocho y cada quince minutos. Cuando me voy, dejo las ventanas abiertas de par en par para que se llene de polvo. La papelera, repleta de los papeles que he usado para escribir. Me recorto la barba y dejo el baño lleno de pequeños y escurridizos pelos. Y cuando me voy, dejo la llave dentro.

Y nada. Cenado, aseado y dispuesto para dormir. Todo perfecto sino fuera porque tengo los ojos abiertos como platos.

Pues he salido de dudas. En Laos pasa como en Tailandia, que al entrar y tras el pago de 35 € te dan visado turista para 30 días. Los dos vuelos han ido muy bien. Ambos han salido como 20 antes de lo previsto y han durado 30 minutos menos de previsto.

Mañana a las 8:30 tengo que estar en la Embajada de Tailandia para solicitar el visado para dos meses. ¿Qué me pongo? Tendré que parecer un ciudadano respetable. Ya veras. Mañana se me olvidará, me pondré la camiseta “Jonnhie Walked” y me atenderá alguien en silla de ruedas.

Y nada. Cenado, aseado y dispuesto para dormir. Todo perfecto sino fuera porque tengo los ojos abiertos.

Oye, vaya por dios, que acabo de leer que no puedo traer visitas a la habitación, que la ley lo prohíbe. No lo habré pillado bien. Joder, y el sábado a las 10:00 sonará la alarma de incendios. Que por ley tienen que probarla todos los sábados y que sino dura más de diez segundos que no salga de la habitación, que es un simulacro. No lo habré pillado bien.

Y nada. Cenado, aseado y dispuesto para dormir.

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