กระเจี๊ยว

Lo que tiene la informática.

Quería poner algunos ejemplos para ilustrar la imposibilidad de entender el tailandés. Ni en 69 vidas podría llegar a entender un carajo, es rollo chino.

En busca de algunos ejemplos he acudido al google translate. Vaya con google, son una máquina. Oye, que puedes traducir del suajili al tagalo con un solo clic, la leche.

Por supuesto, la primera palabra que he intentado traducir es la que todos pensáis y en tailandés se escribe: รถบัส

¿Quién será el encargado de ir metiendo palabras? Se le ha olvidado introducir “adiós”, pero si a metido la polla, que es como reza el título de esta tontada de post.

Total, como ejemplo, una sencilla, hola:

สวัสดี

Otra fácil, fácil:
ง่าย

Y una difícil,
ของลับของผู้หญิงในบู๊ทส์

que traducido al castellano es sorprendentemente inútil. Llevo un rato pensado y no encuentro el contexto adecuado para usarla.

Lo dicho, imposible.

Chiang Mai visto por Gaby

Desde que decidí cambiar de destino he intentado mil veces explicar por que me atrae tanto Tailandia y mas concretamente Chiang Mai. Y no hay manera. Sé que parezco un pirado. Y no es culpa de mis interlocutores. Mas allá de los tópicos y de las razones evidentes, Chiang Mai tiene una magia especial que no soy capaz de transmitir.He pedido la colaboración a Patricia, Francisco y Gaby para que me echen una mano. A ver si entre los cuatro somos capaces de contar esa magia de la que hablo. Aquí va lo que Gaby ha escrito.

Erase una vez un lugar donde las gentes eran felices. No es que no tuvieran problemas, no. Era su forma de ver las cosas y de afrontar la vida: “Sanuk” significa optimismo, alegría. Un lugar donde nunca ví a nadie enfadado. Un lugar inimaginable en Europa.

Erase una vez una ciudad que olía a especias de mercadillo, a espíritus, a elefante, a falda de Buda, a fiesta nocturna, a imparable tromba de agua.

Erase una vez una ciudad que parecía un pueblo. El caos de tráfico y las prisas contrastaban con la paciencia de sus habitantes y con la quietud de sus templos. Una ciudad donde lo perros eran tranquilos, sin ladrar, sin agresividad. Te miraban indiferentes desde sus siestas y como mucho se acercaban a saludarte moviendo el rabo.

Erase una vez un lugar donde muchos extranjeros habían encontrado su sitio, dejando atrás muchas cosas terrenales.

¿Seguirá siendo igual Chiang Mai, el paraíso de las sonrisas?